miércoles, 21 de diciembre de 2016

Innovación: ¿más Alemania menos USA?

Se acabó 2016 y muchos, localmente, hay quienes consideran que hubo grandes progresos en innovación. De hecho, algunas publicaciones de negocios destacan a empresas locales en lo que ellos consideran "un ejemplo para las demás".

Veamos algunas cifras que nos compartieron, compiladas en el blog de Expansión:
- "A nivel global, la inversión en I+D se incrementó en un 3,5%". Recordemos que no se trata de inversión en lanzamiento de productos sino en la investigación y desarrollo, es decir, no se trata de lanzamientos de marketing sino de fortalecimiento del valor agregado de las empresas para competir mejor.

- "La gran batalla por el liderazgo mundial se da entre USA y China, la gran potencia emergente. China, con un esfuerzo en I+D del 2,04% supera ya a la Unión Europea. En China se hallan los más potentes supercomputadores del mundo. El gigante asiático triplica las patentes anuales de Estados Unidos o Japón y lidera las publicaciones científicas en inteligencia artificial. Hoy el 40% de la I+D mundial se encuentra en Asia, mientras la innovación en USA se estanca". Vamos despacio.
En varias investigaciones que hemos hecho, efectivamente hemos comprobado que China es un gigante en materia de investigación y desarrollo. Los chinos se tomaron en serio el tema de la innovación y producen, como se muestra en la nota, más patentes de innovación tecnológica que Estados Unidos en muchos sectores.
Como le dijimos recientemente a un cliente cuando le presentamos los resultados de nuestra investigación en vigilancia tecnológica e inteligencia competitiva: "deje de mirar al norte y mire al este, que por allá se acerca una revolución en materia de innovación tecnológica".

Otra razón por la cual hemos querido compartir esta nota, es porque termina diciendo, literalmente: "Lentamente, el decrépito cinturón industrial americano pierde competitividad. Mientras tanto Alemania, pese a su discreción, dispone hoy posiblemente del mejor sistema nacional de innovación, un modelo que no concentra sus esfuerzos en pocos segmentos sino que los distribuye de forma transversal a la totalidad de la industria, con foco en la I+D de la pequeña y mediana empresa. En Alemania no aparecen Zuckerbergs o Gates, pero su nivel de producción en manufactura, de exportación de tecnología y sus salarios son superiores a los de USA. El sistema de innovación germano crea cadenas de valor de conocimiento orientadas a tecnificar y hacer competitiva a su industria. Alemania sitúa la pequeña y mediana empresa en el centro del sistema innovador, mientras que USA lo hace gravitar sobre centros académicos de élite y capital de riesgo. Si el modelo americano descansa en las startups, el modelo alemán se enfoca en la industria y en la formación técnica. El primero se está revelando como un modelo poco distributivo. El segundo es la base de la competitividad de la mayor potencia exportadora y generadora de empleo de Europa".

Este párrafo es demasiado jugoso para dejarlo pasar por alto en comparación con los rimbombantes "ejemplos" que se publican en medios locales. Repasemos rápidamente aquellos apartes que nos parecen más interesantes:
- Estados Unidos es más show. Siempre lo ha sido. Lo curioso es que en el mercado local nos gusta lo mismo: preferimos el show mediático de la supuesta innovación al trabajo duro y metódico que, si bien no sale en los medios, es el que produce desarrollo y avance real del PIB.

- Es bien sabido que Alemania defiende, como un todo, su industria local. Mientras tanto, en Colombia muchos sectores económicos se quejan por la falta de ayuda del Gobierno de turno, pidiendo subsidios a diestra y siniestra, pero no hacen mayor cosa por mejorar su competitividad y ofrecer valor agregado. Es inadmisible que se ponga como ejemplo de innovación a empresas que han sido multadas y sancionadas por cartelizarse, pues precisamente ello demuestra que el foco jamás fue I + D + i.

- Adolecemos de cadenas de valor. En diversas investigaciones sobre valor agregado en el agro colombiano nos hemos encontrado con que a duras penas vendemos el genérico. Los planes de desarrollo (económico, agrícola) no se articulan entre sí y desnudan las falencias en términos de infraestructura que tenemos. Ojo: no es lo mismo la cadena de valor de Bogotá a Chía que en pueblos apartados de la geografía nacional.
En consecuencia, cadenas de valor de conocimiento son casi imposibles de encontrar aquí.

Nuestra conclusión no es pesimista. Es realista. Seguimos asistiendo diariamente a la publicación en medios masivos de resultados de innovación que no tienen el impacto económico que les harían merecedores de semejantes alabanzas ni corresponden a la realidad competitiva del país. Si usted se toma el trabajo de leer los rankings de competitividad global verá que Colombia avanza muy poco en ellos.
Seguimos, como en el cuento de La Lechera, contando lo que haremos cuando pertenezcamos a la OCDE pero estamos a años luz de cumplir con los indicadores de innovación, pues ni siquiera le creemos/apostamos a la investigación.

Que 2017 sea un año más sincero con nuestra realidad y, ojalá, con más trabajo y menos show. Es lo que la innovación colombiana necesita.
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lunes, 19 de diciembre de 2016

Hacia la insostenibilidad

Mientras cada vez más consumidores piden a las empresas productos amigables con el medio ambiente y sostenibles, algunas marcas mantienen su estrategia de obsolescencia programada. Compartimos con ustedes nuestra última columna publicada en el diario La República.
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jueves, 24 de noviembre de 2016

Liderazgo: la creación del mundo

En un hecho insólito, el mundo público se re-crea cada 4 años (que es el período que normalmente dura en el poder un gobernante o partido). Cuando tiene suerte y existe la reelección, bien manejada, la gestión alcanza a durar 8 años.

Este es un ejemplo de improductividad y falta de liderazgo sin precedentes. En países en vías de desarrollo como los nuestros, que un alcalde, gobernador o presidente se invente la rueda cada 4 años es lo que nos tiene en el atraso en que vivimos.

Como saben, no tratamos temas políticos ni de similar naturaleza para no herir susceptibilidades. Sin embargo, esto tiene un enorme impacto en la competitividad de cualquier organización. Imagine por un momento que en una empresa se cambiara el rumbo estratégico cada 4 años, o cada vez que se nombra a un nuevo Presidente en la compañía. ¡Un contrasentido!

Es apenas lógico que cada timonel tenga su estilo de administración, pero el verdadero liderazgo debería estar encaminado a anteponer los intereses comunes sobre el ego personal, cuestión que no se ve en la administración pública (y a veces tampoco en el sector privado).

Un líder puede ser racional o relacional, pero en cualquier caso debe promover la toma de decisiones asertivas, el empoderamiento, el trabajo en equipo y la sana discusión entre colaboradores para hacer crecer una organización.

Debería ser igual en un país y/o en una ciudad. Pero la falta de liderazgo es generalizada: no crecemos porque cada 4 años el líder escogido para llevar el barco a buen puerto decide unilateralmente que lo hecho hasta el momento es inocuo o debe ser "mejorado", perdiendo valiosos tiempo y recursos sin dar continuidad a un plan básico de administración del bien público. Esto sería impensable en la empresa privada.

Es, por tanto, un problema de continuidad pero también de falta de formación en una de las competencias más importantes de la historia. Un líder no crea el mundo, sino que se adapta a él y hace lo mejor que puede para mantener buenos indicadores que beneficien a todos por igual. ¿Cuenta su organización con un buen líder/liderazgo?
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miércoles, 16 de noviembre de 2016

Competitividad y cultura organizacional


La historia del fundador de Netflix es bien interesante. Un señor, cliente de la extinta Blockbuster, se sentía realmente molesto por las constantes multas que debía pagar, dado que jamás entregaba las películas a tiempo.

Para él, el problema no era su falta de tiempo sino que la empresa no escuchaba sus necesidades. Un caso típico en el que el ego de la compañía se antepone al imperioso deber de escuchar a los clientes.

Una vez Netflix empieza a tener éxito, es apenas natural que Blockbuster se preocupe. Sin embargo, los líderes de la compañía deciden intentar copiar lo que lanzó al estrellato a Netflix: decidieron crear una unidad web para disminuir la insatisfacción de los clientes por las multas y permitirles entregar las películas en otros puntos de venta.

En poco tiempo se presentaron más problemas porque el modelo de negocio (montado sobre franquicias) produjo desconfianza entre los franquiciantes. Estos no querían que internet se llevara los clientes y les quitara el negocio, lo cual terminó en la bancarrota de Blockbuster (es decir, de todos modos se fueron del negocio).
Dos lecciones quedan de este caso. La primera, es que la cultura de una organización es tan importante que no basta con copiar las ideas del competidor. No todas las empresas están listas/prestas a resolver las necesidades del mercado de la misma manera.
Piense en un banco. Ahora, piense en su competidor principal. ¿Considera usted que realmente son iguales? A veces se nivelan por lo bajo del servicio, pero claramente no son iguales. Y no lo son, porque tienen culturas diferentes.

La segunda lección es que los paradigmas matan las organizaciones. Es literal. Algunos gerentes siguen creyendo en la inmortalidad de las empresas y se niegan a cambiar. Rechazan aquello que les es desconocido por miedo pero al final el barco se hunde. ¿No debería ser esa la principal razón para abandonar el temor a cambiar?
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lunes, 31 de octubre de 2016

Innovación: más allá de la creatividad

Compartimos con ustedes nuestra columna sobre cómo la innovación va más allá de la creatividad, que apareció en el periódico que publicó ANDIARIOS en el pasado Congreso de Publicidad.
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