La i-responsabilidad social empresarial

En esta época de fin de año se revisan no sólo los hechos del año que termina sino los propósitos para el próximo año.
Dejando de lado que nadie parece inmutarse porque el fin del mundo (según los Mayas) está a menos de tres semanas, vamos a pensar con buenas intenciones y a tocar un tema sensible.

La Responsabilidad Social Empresarial (conocida por sus siglas RSE) trata, muy resumidamente, de que las Compañías deben devolver a la sociedad beneficios tangibles, pues finalmente su lucro lo obtienen de esa sociedad.

Hay niveles más o menos avanzados de esta definición pero, en principio, esto significa que las Compañías no sólo deben ofrecer productos de calidad, tratar bien al medio ambiente y un largo etcétera, sino que además deben devolver otros beneficios a la sociedad, ojalá a la que las rodea (más cercana), aunque idealmente a todo el planeta (sólo tenemos este, uno).

Esto plantea posiciones divergentes. Algunos empresarios dicen que la generación de empleo es su contribución a la sociedad. Otros piensan que eso no es suficiente y tienen cientos de programas de RSE: desde alimentación, pasando por educación, siembra de árboles y, ahora, noticia de esta semana, reducción de la violencia intrafamiliar.

Ocurre que, como acaba el año, queremos plantear un debate para cerrar este histórico 2012. La RSE de sectores tan complejos como el automotriz o el petrolero, ¿es suficiente?
Cada vez se venden más automóviles y las ensambladoras aparentemente no tendrían RSE, porque sus productos son indudablemente nocivos para el medio ambiente, no por sí mismos sino por el volumen de ventas y de uso (abuso en ocasiones).
De otro lado, la discusión sobre el papel de las petroleras en la destrucción del medio ambiente siempre ha estado en el orden del día en todo el mundo.

No se trata, y en esto queremos ser claros, de "satanizar" a estas industrias que, a lo largo de la historia, han producido enormes beneficios para la humanidad. Lo que queremos es repensar desde otra orilla el tema de la RSE.

De hecho, el segundo asunto es que con tanta empresa preocupada en la RSE, genuinamente o no, cada quién lo sabe, los esfuerzos se diluyen en cientos (si no miles) de iniciativas. ¿No sería mejor concentrar los esfuerzos de todas esas empresas preocupadas en sólo un par de iniciativas que realmente produzcan bienestar para la sociedad, en planes articulados con el sector público? Se supone que ello puede contribuir a la competitividad del país, de la región, del mundo! Al fin de cuentas, todos estamos en el mismo planeta!
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