Emprendimiento de alto impacto vs. empleo

Todo emprendimiento (o casi todo, para ser precisos) empieza por tomar forma en lo que se conoce como una PYME. De hecho, la mayoría de veces ni siquiera alcanza a ser una PYME sino que nace en forma de MiPYME.

Estos términos se refieren al tamaño de la empresa (del emprendimiento). Vale decir que son muy pocas las empresas que nacen siendo "grandes" puesto que son pocas las que son producto de grandes inversiones personales o de otras empresas. Esto significa que la mayoría de empresas están en un rango similar en términos de competitividad (en una línea de partida relativamente equitativa).

La preocupación de todo Gobierno, en general, es el empleo. Políticas macroeconómicas y microeconómicas se ajustan para disminuir la tasa de desempleo y generar más puestos de trabajo, sin importar si éstos son o no de calidad. Lo importante es el número.

En contraste, no siempre la preocupación de todo Gobierno es el emprendimiento, pero cuando lo es, el foco se centra en lo que se conoce como emprendimiento de alto impacto. ¿Qué es esto? Es aquel que generalmente innova (así sea de manera involuntaria) y produce una disrupción en una categoría o sector económico. Algunas clasificaciones hablan de ingresos de más de $6.000 millones. Otros las llaman empresas gacelas porque crecen más rápido que el promedio.

Comúnmente, como ya mencionamos en nuestra web, se confunde emprendimiento con innovación. Un emprendimiento de alto impacto puede innovar, pero puede que simplemente haya aprovechado alguna condición de mercado de mejor manera que sus competidores.

La misma clasificación habla de emprendimiento dinámico y emprendimiento tradicional. El primero sería aquel que vende más de $4.000 millones en su primer año y tiene un crecimiento sostenido, mientras que el segundo sería aquel que factura menos de dicha cifra, es decir, casi con certeza, la inmensa mayoría de las empresas que existen en cualquier país.

Al ver esta clasificación y las cifras, nos preguntamos qué es lo que anda mal. No por la clasificación en sí, pues existen cientos de ellas, sino por el hecho de tener empresas poco competitivas. Las razones son múltiples, empezando por una cultura que castiga el éxito y que lo estigmatiza como algo malo por naturaleza, pasando por burocracia y poco acceso a recursos de financiación para crecimiento empresarial.

Es hora de dejar de jugar a ser grandes. Y crecer. Lo decimos una y otra vez porque todos estamos en el mismo barco y tenemos potencial.
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