¿2014 será igual a 2013? Depende de Usted!

Llegó 2014 cargado de buena energía, como casi todos los nuevos años. La gente, feliz después de haber disfrutado (posiblemente) de unas merecidas vacaciones, regresa pletórica de buenas intenciones. Queremos dar algunos ejemplos aleatorios de los propósitos empresariales más comunes.

* El Director o Gerente, llega dispuesto a escuchar a los suyos, a trabajar en equipo, a reconocer lo bueno que hay en cada miembro de su empresa. Cual político en campaña, reparte sonrisas, apretones de manos, abrazos e incluso besos entre sus colaboradores. El propósito termina a la segunda o tercera noticia mala, regresando a ser el mismo gruñón que repite “¿debo hacerlo todo yo”?

* El empleado promedio llega dispuesto a darlo todo. Este es el año en el que no procastinará ni una sola vez. Hará su trabajo más diligentemente que nunca. Pero también hay promesas interiores: no más salidas después de las 8 p.m., salir a almorzar a horas, tratar de dejar de trabajar los fines de semana... Todo terminará cuando la fuerza oscura de la costumbre le recuerde que debe pagar las cuentas con su sueldo y que sus propósitos terminan donde empieza la tarjeta débito.

* El trabajador independiente empieza con mucho optimismo. Si le fue bien el año anterior, ¿por qué debería ser diferente este año? Si le fue mal, este es el año del cambio. El propósito entonces es “que nos vaya bien”. El problema es que eso en sí no es un propósito, sino parece más una plegaria. El promedio indica que no hay plan sino capacidad de respuesta, de manera que suele ocurrir que se empieza a trabajar sin más norte que el gaseoso propósito ya descrito.

* El funcionario público (promedio) no se estresa. Para él todos los años son iguales mientras conserve su bajo perfil y pueda seguir cobrando su sueldo. En algunos casos, este será el año de ascender en el respectivo escalafón, pero su vocación de servicio a clientes (los ciudadanos) no sirven para escalar, así que sigue en lo suyo: preocupado por sí mismo, lo cual es su propósito año tras año. No hay objetivo corporativo visible.

¿Por qué caemos año tras año en lo mismo? Si renovamos nuestra energía al empezar este 2014, ¿mantendremos nuestros propósitos en mayo, en octubre, al terminar el año? ¿En qué momento se diluyen nuestras buenas intenciones? Veamos cada caso.

* Las del Gerente se diluyen entre tanta reunión. Además, con tanta competencia es difícil ganar participación cada año y al fin de cuentas ese es su paradigma: crecer como sea.

* Las del empleado promedio se empiezan a diluir cuando vuelve a sentir que no es valorado y/o escuchado. Cuando siente que la empresa no valora lo que aporta y que su esfuerzo extra, sin importar si es desorganizado o inútil, no es bien remunerado.

* Las del trabajador independiente se diluyen con cualquier cosa. Un problema, varios clientes nuevos, el pago de impuestos, un viaje. Al final de cuentas, es el hombre orquesta porque le toca hacer de todo para ganarse el pan y ya habrá tiempo de hacer balances.

* Ya hablamos de lo que pasa con el funcionario público.

Si queremos mejores empresas es hora de recordar que el trabajo, sin importar si usted es el Gerente, un empleado, es independiente o funcionario público, es un medio para ser feliz y no el fin de la vida de nadie.
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