¿Y el beneficio del producto dónde queda?

Por estos días se entregan en la calle miles de volantes con sonrientes caras y círculos (o cuadrados) con números. Son candidatos políticos que pretenden convencer al electorado de votar por ellos.

Nos llama la atención que muchos de ellos tienen esta información: el nombre del candidato(a), el partido político al que pertenecen, el número a marcar en la tarjeta electoral, una foto (en mala resolución) de cómo marcar la tarjeta y una frase que podría considerarse como de campaña.

La motivación de esta entrada es precisamente la ausencia de "beneficios" de estos "productos". En muchas propuestas, no hay nada, literalmente, que diga por qué razón o razones un elector debería votar por el candidato.

En otros casos, hay una frase (por ejemplo, el tema de la paz se roba la atención por obvias razones), suficientemente genérica como para decirlo todo y no decir nada. En resumen: se busca recordación pero no hay beneficio.

Cuando un producto pretende ganar la preferencia de los consumidores, procura hacerles saber su beneficio. Aquello que lo hace superior frente a competidores similares. En el caso político, habiendo más competencia que en cualquier otra categoría de producto, no hay beneficio tangible en estas campañas para que el elector pueda asirse a algo que lo lleve a la urna.

¡Y se preguntan las razones del abstencionismo! Tema aparte es que estos "productos" electorales desaparecen del espectro salvo cuando hay elecciones. Así es bien difícil construir relaciones de marca.
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