Competitividad: el embeleco de la OCDE

Desde hace meses el Gobierno local viene insistiendo en la importancia de pertenecer a la OCDE (Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo), una organización que agrupa a 34 economías globales que empujan el mundo hacia una competitividad "justa y equilibrada".

Loable iniciativa. Lamentable que se aborde desde la típica perspectiva colombiana de "lo importante es la personalidad". La OCDE es una organización seria, que se rige por reglas claras y no por interpretaciones. En Latinoamérica sólo Chile y México pertenecen a ella. Rusia y Brasil son candidatos. Por eso debemos hablar de hechos concretos si queremos pertenecer a ella.

Desde el punto de vista de la economía, la regla fiscal adoptada por Colombia lo acerca a ser candidato de adhesión. Pero si vamos a mirar otras variables encontramos un panorama árido (real).

Una publicación entrevista a nuestra "embajadora" ante la OCDE y leemos que "los inversionistas podrán invertir libremente en cualquiera de los países del grupo sin ningún tipo de discriminación". Si vamos a lo elemental, que es la discriminación por raza, género o religión, Colombia se raja de cabo a rabo. ¿Cómo hará el Gobierno para desaparecer mágicamente las cifras de estudios serios de distintos economistas y universidades? Para no ir más lejos, invitamos al lector a que escoja 10 mujeres al azar y les pregunte si han sufrido algún tipo de discriminación laboral...

Se habla en la publicación de transparencia: "normas de prevención del soborno, regulación y gobierno corporativo darán mayor transparencia al sector privado nacional". Típico. Solucionaremos todo con una norma mientras que en la práctica -tanto en el sector público como el privado- se siguen viendo casos en los que la libre competencia depende del nivel de soborno al funcionario de turno, otros en los que sólo se trabaja con los "amigos" y otros tantos en los que las PYME no tienen la más mínima posibilidad de acceso a la contratación.

Continúa diciendo que "evidentemente la regulación nos hará ajustar nuestras instituciones para hacer cumplir las normas de competencia". En un mercado en el que los oligopolios (e incluso monopolios) aún existen, esto causa poco menos que hilaridad. El único ente medianamente funcional es la Superintendencia de Industria y Comercio, pero se podría hacer un sondeo para intentar conocer cuántos empresarios conocen  el Estatuto del Consumidor y nos llevaríamos sorpresas...

Otro aspecto importante es el comercio. El proceso comercial (aduanas incluidas) debe ser transparente y expedito. Ya hay una iniciativa para acreditar un ente llamado ONAC, pero los puertos (carreteras incluidas), las ventas ambulantes, el plagio, el contrabando siguen sin control en cada ciudad colombiana -con muy contadas excepciones.

Y falta el otro detallito. La regulación ambiental. Tendríamos que cumplir estándares ambientales internacionales para pertenecer a la OCDE. Debe haber otro grupo de optimistas que digan que estamos casi listos, pero viendo las noticias no se ve luz al final del túnel (y no nos referimos al de La Línea).

Esta reflexión busca bajarnos del bus del embeleco de la OCDE. Nuestra realidad es evidentemente compleja pero la procastinación, la falta de toma de decisiones y de liderazgo real no apuntan a cumplir con la meta sino que nos alejan cada vez más de ella (en la realidad, no en los titulares de los medios). La competitividad se mejora haciendo.
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