El fútbol, las empresas, la innovación y el corto plazo

Empezaron unas nuevas eliminatorias de la Confederación Suramericana de Fútbol, esta vez rumbo a Rusia 2018, y como ya es tradición este torneo durará cerca de dos años. Después de una primera presentación (como local) en la que sumamos tres puntos, la Selección viajó a Montevideo a enfrentar a Uruguay y cayó derrotada 3-0.

Vale recordar que este es el segundo partido en juego de un total de 18, es decir, estamos apenas en el 10% del torneo. Sin embargo, ya se escuchan voces que piden cambio de técnico, no convocatoria de ciertos jugadores y un replanteamiento de la "fórmula ganadora" del equipo que nos llevó a ser quintos en el mundial de 2014.

Son varios los temas a analizar aquí, por supuesto, en paralelo con el crecimiento empresarial que es el foco de nuestra gestión.

El primero de ellos es la condición local a juzgar la gestión en los reveses más no en las victorias. El equipo de ventas es el mejor del mundo hasta que no cumple el presupuesto. El de marketing es inigualable hasta que la competencia hace alguna jugada que ellos "debieron prever". El de producción imbatible hasta que alguien "la embarra". Y así. Nuestros equipos son muy buenos en las victorias pero bastante pobres en las derrotas según nosotros mismos. Eso, estimados lectores, es lo que precisamente nos impide avanzar en la generación de una cultura de innovación.

Reza el adagio que "la derrota es huérfana" y aquí sí que se cumple. En el error se aprende. En el error se vigoriza la actitud competitiva. Pero nuestra primera reacción es salir a buscar culpables. Culturalmente nos auto-destruimos antes de pensar en aquello que falló y que nos puede hacer mejores y crecer. Promovemos la cultura de la perfección e inocentemente matamos la innovación.

El segundo aspecto es el espejo retrovisor. Vivimos con él a toda hora y siempre las comparaciones se hacen con lo que se considera como el punto más alto de una gestión. Las ventas se planean con el presupuesto del año anterior más un equis por ciento de más. Pocas veces las empresas consideran de manera seria el entorno porque se quiere "crecer" sin importar si las condiciones macro están dadas para ello.

Ahora juzgamos a la Selección con el éxito alcanzado en Brasil 2014 pero durante mucho tiempo lo hicimos con el ya famoso 5-0. El resultado es el mismo: queremos seguir infinitamente en el mejor resultado posible. Eso no es malo per se, por aquello de siempre querer más, pero desconocer variables como el entorno y los competidores es un error craso y común en empresas locales (sin importar su tamaño). Esto, aunque no lo plantearemos en esta entrada, está causando serios problemas de sostenibilidad.

Por último, está el síndrome del "siempre lo hemos hecho así y aquí estamos". Haciendo el paralelo con el fútbol, en donde se dice que "equipo que gana no se cambia", salimos a jugar en Montevideo como jugamos en Barranquilla. Y nos fue como nos fue!

En las empresas hacemos lo mismo una y otra vez esperando un resultado distinto que, por supuesto, no llega. Pero cuando alguien sugiere cambiar el status quo le caemos encima con la frase de cajón que acabamos de describir. Estamos recogiendo en el fútbol lo que hemos sembrado como sociedad y las empresas no son la excepción.
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