De redes y memes en 2015

Se acaba el año y más allá de la destorcida del precio del petróleo y la subida del dólar queremos finalizarlo con una reflexión.

Es un hecho que las redes sociales se han tomado todos los ámbitos de interacción del ser humano. Y una de las manifestaciones más comunes son los muy republicados memes, esos gráficos que en ocasiones nos causan risa y otras veces nos hacen reflexionar. O al menos eso creemos.

Es increíble cómo en redes sociales se comparte contenido a velocidades francamente asombrosas, aunque a veces dicho contenido no tenga ninguna carga de profundidad. Cuando lo tiene, la pregunta es ¿qué hacemos con ese contenido los usuarios?

Basta revisar el número de likes, retweets o indicadores similares del contenido "serio" para darse cuenta de la banalidad de las redes sociales. Artículos, notas y escritos similares acumulan apenas un par, mientras memes y videos de cosas aparentemente sin sentido alcanzan millones.
No estamos intentando ser jueces del contenido, sino denotar cómo la comunicación evoluciona. Cambia.

Por supuesto, esto amerita un análisis de doble vía. ¿Tienen las redes sociales alguna carga de profundidad? ¿Son los contenidos "serios" suficientemente atractivos? Redes sociales como Linkedin comparten contenido más sofisticado pero lo que cuestionamos es si tanta "seriedad" realmente permea a las personas en las organizaciones.

Frases célebres como la del ejemplo, infografías comparativas, esquemas de productividad y un largo etcétera se ven y se comparten, pero pareciera que es sólo eso, una realidad virtual precisamente, porque cuando vamos a la real pocas veces se cumple lo que se ve en los memes. "Cuidar a los empleados", "proteger a los clientes", "tolerancia al fracaso" y un largo etcétera se difunden todos los días en redes sociales pero seguimos presenciando empresas intolerantes, paradigmáticas y muy alejadas de dicha realidad.

Que sea un propósito para 2016 seguir publicando deseos, pero intentar llevarlos a la realidad por el bien de las personas reales, esas mismas a las que en muchas empresas ni siquiera se les permite el uso de redes sociales (en pleno siglo XXI) porque supuestamente las "distraen de su quehacer diario".
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