Un golpe en la mesa, ¿moverá el mercado?

El banco Colpatria acaba de tomar una decisión que da un golpe en la mesa del mercado de entidades financieras: decidió (y está publicitando) no cobrar por ciertos servicios como consignación de cheques nacionales (sí, en pleno siglo XXI a los usuarios nos cobran una consignación en otra ciudad), retiros en cajeros y oficinas, entre otros.

El Presidente del banco, Santiago Perdomo, argumenta que considera que es una manera de formalizar a miles de ciudadanos que hoy no usan el sistema financiero. Es decir, considera que su campaña atraerá nuevos clientes.
Esto no es un asunto menor. El dinero en efectivo no es malo per se, pero es un hecho que las actividades comerciales que no pasan por los bancos contribuyen a generar problemas económicos como contrabando y lavado de activos.

Nuestro interés con esta entrada es reflexionar sobre un tema de mercadeo que nos parece interesante, originado por la decisión de Colpatria. Al ver las distintas redes sociales, desde hace tiempo se encuentran muchas campañas en contra de los bancos. Es decir, los bancos son blancos permanentes de gente que, cansada, no entiende por qué le cobran por ir a llevar su plata a un banco (con o sin razón, no es materia de esta entrada).

Reiteramos que no estamos diciendo que los servicios de los bancos no deban cobrarse, porque en una economía de libre mercado todo cuesta. Pero precisamente por eso es que llama la atención el golpe en la mesa de Colpatria. Rompiendo el paradigma toma la decisión de renunciar a unos ingresos, con la esperanza de recuperarlos con el volumen de nuevos usuarios.

Nadie sabe qué tantos usuarios van a llegar a Colpatria a abrir cuentas. Es casi seguro que Colpatria tiene un estimado, pero a lo que nos referimos es a que puede sobrepasarse o no alcanzarse el número, dependiendo de si los usuarios de otros bancos deciden cerrar cuentas actuales para ir a abrir nuevas cuentas en Colpatria, cuestión que podría ocurrir porque el consumidor/usuario por naturaleza busca su propia utilidad.

La cuestión es que, por ejemplo en Bogotá y sus alrededores, Colpatria tiene 80 oficinas (la fuente es su página web). Si la avalancha de clientes fuese realmente masiva, ¿alcanzará ese número de puntos para atender la demanda? Supongamos que sí, que logran resolverlo de buena manera. La siguiente pregunta es: ¿estarán los consumidores/usuarios de la competencia considerando pasarse a Colpatria por los menores costos, analizando racionalmente que su red de oficinas y cajeros es menor que la de su actual banco? La pregunta es válida porque no hemos visto en ninguna parte de su campaña que se estén considerando estos aspectos. Seguiremos atentos al desenlace de esta historia.
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